El tema de estas jornadas, «La identidad de la escuela del futuro», tuvo como objetivo ayudar a revisar los propósitos únicos de cada colegio, manteniendo la coherencia y la pertenencia al marco común del IB y fortaleciendo la identidad compartida dentro de la red ASIBI.
Pertenecer al IB significa compartir coherencia, estándares internacionales y un marco pedagógico común, pero no implica uniformidad. El marco proporciona lenguaje, rigor y estructura —PYP, MYP, DP, POP, evaluación criterial, mentalidad internacional, ATL skills—, pero la identidad de cada centro se define en la forma concreta en que ese marco se vive y se adapta a su contexto, respondiendo a los cambios sociales, cognitivos y tecnológicos de su tiempo.
Durante los días 26 y 27 de febrero, más de 130 líderes de colegios IB, públicos y privados, participaron en el IB Association Day, organizado por ASIBI, la Asociación Ibérica de Colegios IB, con el respaldo del Bachillerato Internacional. El encuentro se concibió como un espacio deliberado de revisión compartida: una oportunidad para analizar quiénes somos como instituciones educativas y hacia dónde queremos avanzar, trabajando en formato abierto, en red y aprendiendo unos de otros. Ahí reside el verdadero valor del asociacionismo y de la comunidad IB a la que pertenecemos.



El valor de pertenecer a una comunidad IB
ASIBI es una red profesional que se fortalece a través de la escucha mutua, el intercambio de buenas prácticas y la revisión colectiva. Pertenecer implica aceptar que la mejora educativa no es un proceso aislado, sino dialógico. Supone exponerse a otras miradas, contrastar decisiones y revisar supuestos con espíritu crítico.
En coherencia con el atributo open-minded del IB, la apertura va más allá de la diversidad cultural. Se traduce en la disposición a cuestionar nuestras propias certezas y a reinterpretar continuamente nuestro propósito. Formar parte de una comunidad IB significa compartir el compromiso de desarrollar estudiantes críticos, íntegros y con mentalidad internacional, pero también reconocer que ese compromiso debe actualizarse permanentemente, atendiendo a los retos sociales que nos interpelan.
La presencia de Pilar Moreno, presidenta de ASIBI, junto a miembros de la junta directiva, Luis Madrid, Jordi Ginjaume, y Germán Tenorio, así como representantes del IB como Elsa Ramos, Cristina Ruiz y Antonio Muñoz, simbolizó esa convicción: una comunidad educativa interdependiente que entiende la pertenencia como responsabilidad compartida.
Construir identidad dentro de un marco común
Las ponencias del primer día abordaron directamente la cuestión de la identidad: una identidad que no se declara. Se construye a partir de decisiones, de conversaciones, de aquello que elegimos enseñar y también de aquello que decidimos cuestionar.
Jude Scanlon invitó a reflexionar sobre la evaluación no como un instrumento meramente técnico, sino como una declaración cultural. Aquello que medimos, la forma en que lo hacemos y las consecuencias que derivan de esa medición configuran la identidad de una escuela. Cuando la evaluación encasilla, la identidad se estrecha; cuando acompaña el aprendizaje, la identidad se amplía.
Joaquim Viñas profundizó en el liderazgo a través de la seguridad psicológica, recordando que sin entornos donde el error pueda convertirse en aprendizaje y el desacuerdo en diálogo constructivo, la innovación resulta frágil. El liderazgo educativo no se sustenta en la autoridad formal, sino en la confianza que permite a los equipos crecer profesionalmente.
Elizabeth Zeller aportó la perspectiva global del reconocimiento del IB y su impacto en la orientación universitaria, situando a las escuelas dentro de un ecosistema internacional que trasciende fronteras y conecta trayectorias educativas.
La intervención de Jesús Álvarez, director del IES Gerardo Diego (Pozuelo de Alarcón), ofreció un ejemplo sólido de cómo el marco del IB puede implementarse con excelencia en un centro público. Su recorrido de transformación, desde un contexto demográfico complejo hasta convertirse en referente internacional, demuestra que un currículo competencial y constructivista como el del IB no solo es viable en la escuela pública, sino que genera impacto real en resultados académicos, convivencia y liderazgo docente. La experiencia del IES Gerardo Diego evidencia que el marco IB puede adaptarse con rigor a distintas realidades, reforzando el compromiso con una educación pública de calidad, inclusiva y conectada con el mundo.






Los talleres paralelos mostraron cómo esta identidad compartida se concreta en prácticas diversas: desde el diseño de matemáticas orientadas al pensamiento crítico (Innovamat), hasta la analítica de datos aplicada al aprendizaje (Trébol Educación), la integración de la inteligencia artificial en los procesos educativos (Toddle), la robótica (Robotix) o la reflexión sobre la cultura escolar a través del servicio de comedor (SANED). Los partners forman parte de un ecosistema que amplía la experiencia educativa y la vincula con la realidad.
Los talleres específicos de los programas IB —PYP, MYP, DP y POP— cerraron la primera jornada revisando novedades como el e-Assessment del MYP y planteando cuestiones relevantes sobre la necesidad de impulsar itinerarios que dialoguen también con la formación profesional ante los cambios económicos y sociales actuales.
Compartimos un mismo marco, pero lo habitamos de formas singulares.
Escuchar y comunicar en un tiempo de incertidumbre
El segundo día desplazó el foco hacia la escucha y la comunicación, dimensiones esenciales en cualquier proceso de revisión identitaria.
Mario Izcovich habló de la escuela que escucha como una estructura organizativa real, capaz de integrar las voces de estudiantes, familias y docentes en la toma de decisiones. Escuchar exige tiempo, humildad y la disposición a dejarse transformar por lo que se oye.
Silvia Ramón-Cortés abordó la distancia que puede existir entre lo que decimos y lo que los demás entienden. En educación, esa brecha afecta directamente al propósito institucional. Comunicar no consiste únicamente en transmitir mensajes, sino en garantizar que el significado se comparte y se comprende.
Prospectiva y coraje para cuestionarnos
El Futures Lab, liderado por Noelle Roces, introdujo la dimensión prospectiva: identificar signos de cambio, distinguir entre futuros probables y futuros deseables y decidir conscientemente hacia qué escenario queremos dirigirnos acompañando a nuestros estudiantes.
La mesa redonda final asumió el desafío con honestidad: preguntarnos quiénes somos y hacia dónde vamos. No existe identidad estática, especialmente en un contexto marcado por la aceleración tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial.
En este marco, Josep Soler planteó la necesidad de reformular ciertos formatos educativos ante la presión de la IA, recuperando el espíritu del diálogo propio de los maestros griegos. Si la tecnología automatiza respuestas y acelera procesos, la escuela puede reafirmar aquello que la hace insustituible: la conversación profunda, la pregunta bien formulada y el cultivo del juicio crítico.
Enrique Maestu recordó, por su parte, que la humanidad siempre ha sabido salir adelante ante cada gran transformación histórica. No desde la nostalgia, sino desde la adaptación, la creatividad y la cooperación. La tecnología transforma los instrumentos; la responsabilidad ética sobre su uso continúa siendo humana.
En este contexto, también la universidad está llamada a revisar sus paradigmas. Encuentros como el IB Association Day sugieren que este ejercicio de repensarse en comunidad debería extenderse a otros niveles educativos, promoviendo un diálogo interinstitucional que permita anticipar y no solo reaccionar. Por ello, contamos con universidades entre los patrocinadores, como la Universidad Europea, Schiller University, ESIC, o Epitech.
Al final, el centro de toda reflexión permanece claro: los estudiantes. Que puedan convertirse en las personas que desean ser, con integridad, pensamiento crítico y sentido de responsabilidad. Que distingan hechos de opiniones. Que mantengan la humanidad en medio del progreso tecnológico y encuentren motivación para contribuir al bien común.
Una identidad abierta, en movimiento
El IB promueve apertura, diversidad y mentalidad internacional como principios estructurales. ASIBI, como red, fortalece esa apertura creando espacios donde las escuelas pueden revisar y redefinir su identidad colectivamente.
Una comunidad abierta no se da por concluida. Se revisa, aprende y evoluciona de manera conjunta. En esa dinámica de revisión constante reside una forma madura y responsable de entender la identidad educativa en el presente y de proyectarla hacia el futuro.





